Desafección

Unos vienen, otros van
Unos caen mejor, otros peor, pero ahí están.
Son parte del problema, seguro.
Hay cosas que tienen que cambiar

Pasan los años, los apellidos
¿Será cuestión de tiempo? No creo.
Y mientras, indignación y crítica. No alcanza.

El sistema o tú.
¿No serán ambas cosas?

¡Regeneración! Es fácil hablar desde la pancarta y el sillón.
Reclamas medidas urgentes, es lógico
… o depende: en esa lucha, ¿tú qué haces?

«No preguntes lo que tu país puede hacer por ti, pregúntate lo que puedes hacer tú por tu país» – John F. Kennedy

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Transparencia: buena, bonita y barata

Hay palabras que a menudo se ponen de moda. Las leemos, las escuchamos y de pronto las nombramos casi sin darnos cuenta. Están ahí, circulando en la órbita más cercana de nuestro lenguaje; incluso las utilizamos aunque no queramos y hablaremos de ellas y sobre ellas hasta cansarnos. Son tendencias dentro de la lengua. En el argot tuitero hablaríamos de trending topics, de lo muy comentado o de lo más comentado, y eso es precisamente de lo que estoy hablando: conceptos y palabras que son tópicos del momento.

¿Quiénes marcan la pauta? Los medios, periodistas, famosos, influencers y sobre todo los poderes, o las mal llamadas clases. Más bien el sistema, aunque yo prefiero hablar de sectores. Y es especialmente en estos tres -el político, empresarial y financiero- donde la palabratransparencia está de moda. Queda bien.

En los tiempos que corren la transparencia institucional, económica y corporativa es básica. Quizá hoy más que nunca. “El descontento y la desafección con la política, las empresas y los bancos, sus altos cargos, sus altos directivos” (¿cuántas veces habremos escuchado esa frase, o similar?) se combate, entre muchas otras cosas, con la transparencia. Pero no sólo, que es lo que parece.

Se busca recuperar la credibilidad, ganarse de nuevo la confianza de una sociedad cansada y harta. Entonces, dirán algunos, démosle transparencia hasta por un tubo. Es buena, bonita y barata. Hablemos de transparencia hasta por los codos, en la radio, en la tele, en el periódico, en los discursos… Nos empachan, y seguramente ella, la palabra, es lo último que busca.

El esfuerzo y el ejercicio que se está haciendo desde los tres sectores es grande y necesario, pero no basta. No es suficiente cuando se ha llegado hasta este punto. Detenerse sólo allí sería un error, y cebar el concepto aún más. Se desvirtúa la palabra, se utiliza hasta la saciedad porque queda bien mientras día a día, debate tras debate, va perdiendo su esencia hasta convertirse en parte del postureo político, empresarial y del sistema.

Se debe ser más transparente, mucho más. Se está en ello y hay avances; pero no nos carguemos la palabra. Sobre todo no hagamos que sólo quede en eso, en palabras. Porque estamos en riesgo de caer justo en lo contrario: la opacidad y la falsedad. Porque las tendencias van y vienen, son temporales, pero ésta no puede ni debe ser una moda pasajera.

                 – transparencia deriva del latín ‘trans’ (más allá de, a través de) y de ‘parere’ (aparecer, mostrar o mostrarse).